Las semanas que siguen tienen en México, Estados Unidos y Canadá dos denominadores comunes: la celebración de la Copa FIFA de fútbol soccer y la revisión del T-MEC (“USMCA”).

En México, el acontecimiento deportivo tiene una significación especial, pues será la tercera ocasión en que ese campeonato mundial tiene verificativo en un mismo país. México fue sede de las copas mundiales de 1970 y 1986, las justas que encumbraron a Pelé y a Maradona, respectivamente. Es, además, la primera ocasión en que tres países se coordinan para ser anfitriones del campeonato. En 2002, Corea del Sur y Japón organizaron conjuntamente la copa mundial. En 2023 Australia y Nueva Zelanda organizaron el Mundial femenil.  

Con estas experiencias y las que se obtengan de México-Estados Unidos-Canadá 2026, en 2030, España, Portugal y Marruecos organizarán la opa mundial. Además, se celebrarán partidos en Uruguay, Argentina y Paraguay. Si bien se trata de una reunión deportiva, no deja de tener repercusiones en la política interior e internacional.

 El bloque comercial de México, Estados Unidos y Canadá, casi al mismo tiempo que se celebra la copa mundial, se encuentra negociando y preparando la siguiente versión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Los países que organizan la copa aprovechan el escaparate mundial para proyectar modernidad, estabilidad, capacidad tecnológica, así como prestigio cultural e histórico.

El mundial de este año es un vehículo para mejorar las relaciones regionales y su significación política está a la vista. La FIFA, organismo responsable de la justa, se ha convertido en algo más que un ente deportivo. Tiene influencia económica y diplomática comparable a la de otros organismos internacionales. Muchas de sus decisiones tienen repercusiones políticas reales. 

Al tiempo que el fútbol se ha convertido en el deporte de mayor impacto mundial, los países que lo organizan se convierten en el centro de atención internacional.  En unos días, los ojos del mundo estarán puestos en los estadios de los tres países anfitriones y socios comerciales, económicos y deportivos. Igualmente, aunque con menos estridencia, los equipos negociadores de los tres países producirán un documento que fijará las reglas comerciales de América del Norte.